Película: Hoy empieza todo
Es una película realista, muy
dura. En ella se muestra la realidad socio-económica y cultural de los barrios
marginales y cómo ello se refleja negativamente en la educación de los niños.
Esta película me ha hecho plantearme la siguiente cuestión: ¿realmente está a
nuestro alcance procurar una educación gratuita y universal a todos los niños? ¿Qué
es lo que falla en el sistema?
A mi parecer,
son muchos los factores externos que intervienen en la educación, ya sean de
carácter económico, político o social. Normalmente, lo negativo atrae a lo
negativo. Si no se tiene trabajo, no se tienen ingresos, lo que implica que no
se puedan pagar las facturas y, mucho menos, costearse la educación de los
niños, lo que pasaría a quedar en un segundo o incluso tercer plano. Todo ello
genera una atmósfera de negatividad, pesimismo y desencanto con tu propia vida
en particular y con la sociedad en general. ¿Cómo se puede salir de ese círculo
vicioso? La respuesta es realmente complicada. En la película, la familia de la
pequeña Laetitia sufre esta terrible situación. El desenlace es el peor
esperado, la madre, frente a los números problemas a los tiene que enfrentarse,
acaba matando a sus hijos y suicidándose.
Parece
evidente que, aunque existan numerosas ayudas destinas a la educación de los
niños, no son suficientes. Por tanto, considero que se debería invertir más
recursos en la educación de los niños, pues ellos son el futuro. ¿Qué podría
esperar una sociedad que descuida la educación de los jóvenes sino un futuro
marcado por la desigualdad y el caos? No obstante, esta labor no solo se limita
a las altas esferas, sino que también es una de las labores más importantes que
las familias deben asumir. Los padres deben guiar a sus hijos para que el día
de mañana se conviertan en personas autosuficientes y críticas. Los educadores
tienen también un papel muy importante en esta tarea de orientar y formar, tal
como ejemplifican todos los educadores del centro escolar de la película,
especialmente el director.
La realidad,
desgraciadamente, es muy distinta y aún queda mucho por hacer para que la
educación de buena calidad llegue a todos por igual. Todos debemos poner de
nuestra parte si queremos “crear gentes de bien” que perpetúen nuestro legado y
sigan evolucionando a través de la generación de nuevos ecosistemas sociales,
políticos y económicos que aboguen por la igualdad a todos los niveles y una
justicia transparente.
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